Los viajeros mochileros y artesanos
No tienen patria ni patrón.
No acumulan, no presumen, no se venden.
Llevan el alma en la mochila,
y las manos llenas de tierra, cuero, fuego y piedra.
Duermen bajo estrellas que no pagan arriendo.
Viajan con el trueque, el canto y el silencio.
Su mapa es el instinto, su hogar es el camino,
su bandera: un retazo de tela con aroma a incienso.
No buscan éxito, buscan encuentros.
Tejen pulseras como quien reza,
pintan como quien sana,
crean como quien recuerda de dónde viene.
Son hijos del viento,
nietos del caos,
hermanos del maíz y del tambor.
No creen en fronteras,
sólo en historias contadas alrededor del fuego.
Ellos no trabajan.
Viven.
No producen.
Transforman.
Y en cada plaza, cada feria, cada terminal,
hay un pedazo de su corazón vibrando.
Dicen que están perdidos.
Pero son los únicos que se están encontrando.
Laura