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“No veo razones para que los negros no interpreten a Bach”

En Colombia, como en muchas partes del mundo, la presencia de músicos negros en la escena de la música clásica sigue siendo una rareza. La reconocida pianista Teresita Gómez lo afirma sin rodeos: “El racismo existe. No veo razones para que los negros no puedan tocar a Bach. Tal vez porque no han tenido acceso al entorno musical adecuado. Esta música necesita ser cultivada, no surge de manera espontánea”, comenta.

De Medellín a Berlín

Hoy en día, Teresita Gómez combina su carrera como concertista con la docencia. “Enseñar también es aprender; te reafirma en tu arte”, asegura. Además, mantiene su compromiso con la difusión de obras de compositores colombianos que, en el pasado, rara vez se programaban en las salas de concierto: “Fui pionera en romper el tabú y llevar nuestra música a los escenarios”.

Esta pasión por promover el talento colombiano fue lo que la llevó en los años 80 a Berlín Este, cuando el presidente Belisario Betancur la nombró agregada cultural. “Había cosas maravillosas”, recuerda sobre su experiencia en Alemania. Sin embargo, también sufría las restricciones propias de un régimen donde “no se podía leer todo lo que uno quisiera”. Pese a las limitaciones, conserva un recuerdo afectuoso de los funcionarios alemanes: “Me trataron como un ser humano, no como un color”.

Un camino lleno de obstáculos

A veces, Teresita olvida que su piel es negra, aunque sabe que su apariencia la delata de inmediato. Aprendió a vivir con el racismo como una barrera permanente: “Eso no se supera, se acepta”, afirma con serenidad.

En la Colombia actual, donde Gustavo Petro gobierna como el primer presidente de izquierdas, Gómez reconoce ciertos avances: “Es progresista y humanista. Mis padres fueron porteros, y me llena de orgullo ver que los afros e indígenas empiezan a tener oportunidades para vivir con dignidad. Con Petro hemos logrado algunas cosas, aunque no todo”, señala.

La historia detrás de una gran dama del piano

La vida de Teresita Gómez ha estado marcada por el contraste entre el negro de su piel y el blanco de una estructura social excluyente. De niña, su amor por la música fue un secreto que debió guardar. Vivió en un país donde a los niños negros no se les facilitaba aprender a nadar, estudiar en el exterior mediante becas, participar en concursos internacionales o interpretar música de Mozart.

Su madre adoptiva, consciente de la discriminación, llegó a aplicarle crema blanqueadora de zapatos en el rostro, en un intento por protegerla: “Ella quería que yo me sintiera aceptada. Pero a mí no me importaba el color de mi piel; lo que me importaba era tocar”, relata Gómez en conversación con DW.

Biológicamente, Teresita es hija de un director de orquesta y su empleada doméstica. Poco después de nacer, fue entregada en adopción a los porteros del Palacio de Bellas Artes de Medellín, una ciudad tradicionalmente blanca. Fue precisamente en ese entorno cultural donde su talento empezó a brotar.

El primer reconocimiento

Su destino cambió gracias a un episodio fortuito: una maestra la escuchó interpretar de oído dos pequeñas piezas de piano. “¡La negra toca el piano!”, exclamó la profesora. A partir de ese momento, Teresita comenzó a recibir clases formales, aunque siempre sintiéndose “tolerada” pero distinta entre las niñas blancas de familias acomodadas que estudiaban música.

Hoy, décadas más tarde, Colombia celebra su talento. La Universidad de Antioquia ha bautizado una sala de conciertos con su nombre, y recientemente se estrenó el documental “Canción para mi Tere”, que recorre su vida y obra.

“Antes tocaba para ganarme el cariño de la gente. Ahora toco porque yo quiero a la gente”, dice Teresita. Para ella, el piano es algo sagrado: “Está hecho de un árbol, de un ser vivo. Es más que un instrumento”.

Persistencia del racismo en la música clásica

A pesar de los homenajes y reconocimientos, Gómez no olvida que la música clásica sigue siendo un territorio en el que los músicos negros son minoría. Y mientras el racismo persista, su historia de superación continuará siendo un poderoso recordatorio de que el arte puede florecer incluso en los ambientes más hostiles.



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